Compartimos con todos vosotros el mensaje de Navidad de nuestro párroco y horarios de las celebraciones en nuestra comunidad eclesial. Días para encontrarnos, celebrar la fe y acoger juntos el nacimiento del Señor.
Te invitamos a consultar los horarios y a participar en las celebraciones propias de estos días tan especiales.
Que la alegría de la Navidad llegue a cada hogar y a cada corazón.
¡Os esperamos!
Mensaje de Navidad de nuestro párroco

Navidad del señor, año 2025 – Año de la Esperanza
Terminando el Año Santo del Jubileo de la Esperanza, el Señor nos ha regalado la Gracia de la Visita Pastoral de nuestros pastores, D. Ginés García Beltrán, obispo de Getafe, y su auxiliar, d. José Ma Avendaño Perea. Han sido días de intensidad de fe, de renovación en nuestra vida cristiana, de conocimiento mutuo y de fortaleza en la fe, la esperanza y la caridad, virtudes que marcan nuestra vida como cristianos. Precisamente estas virtudes Teologales resplandecen más en estos días de la Natividad de Nuestro Señor. Nos fijamos en adornos, en luces que iluminan nuestras calles, casas o negocios y centros comerciales, pero con más intensidad ha de brillar la Luz que nos fue entregada el día de nuestro Bautismo, y que nos configura con Cristo, luz del mundo, y ésta es la Buena Noticia que llena este tiempo: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte y para guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (cfr. Lc 1,78-79).
A punto de iniciarse en toda la Iglesia el VIII centenario del tránsito de san Francisco de Asís -inventor genial de la representación de Navidad por medio del Belén-, comenta en una de sus cartas que, al nacer Jesús, apareció con “la verdadera carne de nuestra humanidad y fragilidad” (2 Carta a los Fieles, 4-6). En la debilidad y pequeñez del Niño de Belén ha hecho entrada en el mundo la fuerza invencible de Dios. Su señal es lo pequeño y humilde. Dios se vacía, no le interesa ser omnipotente (cf. Flp 2,5-8), ni quiere ser dueño de los demás ni de las criaturas. No quiere poseer. Aparece débil, pequeño, humilde, vulnerable, sin poder. Quiere enseñarnos la gran verdad: nuestro deseo tiene que permanecer abierto y libre, porque sólo Dios sacia el corazón del ser humano.
Refiriéndose a la Navidad del Señor, en el salmo que escribió para esta fiesta, el bendito Francisco de Asís, pequeñuelo de Dios, dice: “Se nos ha dado un Niño santísimo, amado, y nacido por nosotros en el camino, y fue colocado en un pesebre, pues no tenía sitio en la posada” (Oficio de la Pasión 15,7). El Pobre de Asís queda profundamente conmovido por el amor que el Padre otorga a los hombres en el Hijo. En la carta que escribe a los fieles dice así: “Esta Palabra del Padre, tan digna, tan santa y gloriosa, fue anunciada por el mismo Altísimo Padre desde el cielo, por
medio de su santo ángel Gabriel, (y vino) al seno de la santa y gloriosa Virgen María, del cual recibió la verdadera carne de nuestra humanidad y fragilidad” (2Carta a los fieles 4). Impresiona la humildad de Dios. Y esta cercanía, proximidad, y humildad es lo que nuestros pastores, sucesores de los apóstoles, han querido transmitirnos en estos días pasados entre nosotros, en esta villa de Hospitalaria de Ciempozuelos.
Hermanos, la humildad no designa la condición pobre de la vida terrena de Cristo; es simplemente otro nombre del amor divino por los hombres, este amor que brota siempre en el Altísimo Padre de las Misericordias. En estos días os invito a contemplar el Misterio del Belén: José, María, los pastores, los magos… todo gira en torno al centro: Cristo Jesús, el Mesías y el Señor, Verbo encarnado por ti y por mí, por amor nuestro, por buscarnos de nuestros perdidos senderos. Y la forma en que descubrimos, -con la secular compañía de los santos amigos del Señor, y tan cercanos en nuestra parroquia como santa María Magdalena, san Juan de Dios y san Benito Menni, la Venerable Madre Antonia de la Misericordia y el siervo de Dios, Mons. P. José Benito Serra, y tantos más- a un Dios que ha nacido pequeño y humilde para que nadie busque dominar a los demás. Un Dios Altísimo se hizo pequeño, poca cosa, un Niño indefenso, colocado en un pesebre, en Beth-lejem (=casa del Pan) para que nos alimentemos de él. Escoge el último lugar y quiere ser el servidor de todos, ponerse a los pies de todos.
Descubramos en estos días la sabiduría de Dios: el origen de todos los males está en la soberbia, en querer estar por encima de los demás, ser más que los otros. El hombre quería llegar a ser Dios (engañado por el que es mentiroso desde el principio, en el Jardín del Edén). Ahora es Dios el que quiere estar por debajo de todos, para que aprendamos a ser como Él, es decir, a no dominar a nadie, a servir a todos, a compartir con todos, a amar a todos. El Dios encarnado en Belén nos muestra el ejemplo de vivir en COMUNIÓN, como nos han invitado a vivir en esta parroquia nuestros obispos, conociéndonos mejor: la comunidad parroquial a sus pastores, y nuestros obispos a este pueblo Hospitalario. Que seamos cada vez más uno, como tú y el Padre sois uno, y así el mundo creerá.
Feliz y santa natividad del Señor, un abrazo fuerte de vuestro párroco.

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