Quiero darte todo, pero siempre un poco más,
Aunque te conformes con mi debilidadY siento que me puedo ahogar, si no me lanzas la cuerda auxiliar,
Y dime si seré capaz de cruzar el mar que nos separa sin naufragar.Cuerda Auxiliar, Besmaya
Querida parroquia:
A veces nos sentimos así: como náufragos en medio del mar. Queremos entregarle todo al Señor, soñamos con seguirle, con amarle de verdad… pero enseguida tropezamos con nuestros límites, con nuestras contradicciones, con nuestra debilidad. Y entonces nos preguntamos: ¿seré capaz? ¿Podré cruzar este mar? ¿Podré algún día ser santo? Pero ¿y si fuera esa misma debilidad la que nos abre al amor? ¿Y si no fuera un obstáculo, sino el lugar donde Dios puede actuar con más ternura y más fuerza? Tal vez la santidad no consiste en no naufragar nunca, sino en dejarse sostener por la gracia, en dejarse alcanzar por Aquel que ya ha cruzado ese mar y viene a nuestro encuentro. Tal vez ser santo sea simplemente esto: aprender a ser amigo de Jesús.
La amistad es uno de los tesoros más grandes que podemos tener. A veces basta un amigo para sostenernos en los momentos difíciles, para hacernos reír cuando no hay motivos, para recordarnos que la vida merece la pena. ¿Y si la vida cristiana fuera, en el fondo, eso mismo? Una amistad verdadera con Jesucristo, que nos sostiene, nos transforma y da sentido a todo lo que somos.
Hace unos meses compartía con vosotros la alegría de haber terminado mis estudios de teología. Aquel trabajo final, alabado por el tribunal que lo examinó, no fue solo un ejercicio académico, sino un pedazo de mi camino de fe. Para mi sorpresa, la editorial Monte Carmelo se fijó en él y me animó a convertirlo en un libro. Con el corazón lleno de ilusión, os presento: «La amistad con Cristo en san Claudio La Colombière».
Aunque el título suena serio, lo que encontraréis dentro es algo profundamente humano: el anhelo de vivir una fe sin rupturas. Ni un cristianismo de normas frías ni de sentimientos vacíos, sino una vida entera movida por el amor a Cristo. Así lo vivió san Claudio, a quien Jesús mismo llamó «su siervo fiel y perfecto amigo».
¿Por qué vale la pena leerlo?
- Descubrirás a un santo cercano: Un hombre que unió oración y vida, ternura y fortaleza, porque todo brotaba de su amistad con Jesús.
- Verás que la moral cristiana no es un peso: Nace del corazón que se deja amar por Cristo y, desde ahí, responde con amor a Cristo y a los demás.
- Entenderás por qué los santos son los mejores teólogos: Como decía el padre Léthel a quien tuve la suerte de conocer en Lisieux y cuyas ideas inspiraron este libro: «Los santos son los verdaderos teólogos, porque la santidad no se estudia: se vive».
Una confidencia personal
Si me preguntan por la santidad, no sabría explicarlo bien. Sin embargo, creo que sí puedo —y sé— ser amigo. ¿Por qué no ser amigo de Jesucristo?
Ese es, para mí, el camino al Cielo: porque Él ha querido ser mi amigo, me ha abierto su Corazón y me regala su gracia, el don de su amistad.
Este camino no lo he inventado yo; lo han recorrido muchos antes, como san Claudio La Colombière, a quien he dedicado mi reflexión teológica, con el deseo de que ayude a otros a recorrer también este camino… y quizá a abrir nuevas sendas de investigación dentro de la teología moral. Escribí este libro pensando en vosotros: en vuestras luchas, vuestras alegrías, y en esas preguntas sinceras que me hacéis. Estas páginas no nacieron en una biblioteca, sino aquí, entre vosotros. Llevan vuestro nombre escrito en cada línea.
¿Cómo conseguirlo?
- En librerías y Online.
- En la sacristía: Puedes reservarlo en la sacristía a un precio reducido.
Una invitación para este verano
Este libro ha contado con el prólogo de don Antonio Prieto, obispo de Alcalá y doctor en Teología Moral con una preciosa tesis que ha orientado grandemente mi trabajo. En el prólogo se puede leer:
«No me queda más que felicitar a D. Álvaro Piñero por su trabajo, que abre horizontes para comprender la unidad intrínseca entre moral y espiritualidad desde la fuente inagotable del Corazón de Cristo. En la misma línea de la preciosa Encíclica Dilexit nos, del papa Francisco, el autor nos presenta la devoción al Corazón de Jesús como fundamento de la relación personal con Cristo, que no es mero acto intelectual o sentimental, sino una verdadera transformación del corazón, que se refleja en acciones concretas.»
D. Antonio Prieto, obispo de Alcalá.
Una invitación para este verano
No es un libro para correr, sino para saborear en la tranquilidad de estos días. Ojalá os ayude a escuchar, como san Claudio, esa voz que late en el Corazón de Jesús:
«Tú eres mi amigo. No te pido perfección… solo que dejes que te ame».
Con todo mi cariño y gratitud,
Padre Álvaro Piñero
